El nuevo dueño de TikTok podría ser el rival de Musk
Lo que está en juego trasciende a la propia aplicación. La saga de TikTok en Estados Unidos se ha convertido en una batalla sin precedentes que redefinirá la propiedad de la tecnología en la era digital. Tras años de tensiones geopolíticas, el popular rival de Elon Musk, el empresario Larry Ellison, cofundador de Oracle, emerge como el principal candidato para adquirir el polémico activo digital. Sin embargo, la matriz china ByteDance tiene una «acción de oro» que podría torcer el destino de la plataforma.
La historia comenzó en 2020, cuando la administración de Donald Trump acusó a TikTok de ser un vehículo de espionaje para Pekín, recolectando datos de usuarios estadounidenses. Aunque las pruebas nunca fueron contundentes, el discurso caló y llevó a una ley que obligaba a la venta del activo. La situación se formalizó con una decisión del Tribunal Supremo en 2025 que forzó a la compañía a buscar un nuevo dueño local o cesar sus operaciones en el país. El problema es que el activo más valioso de TikTok no son sus oficinas o sus empleados, sino su algoritmo de recomendación, un «secreto de Estado» para el gobierno chino, según expertos de The New York Times.

El dilema del algoritmo y la «acción de oro»
El centro de la negociación es el futuro del algoritmo. Washington exige que la nueva TikTok estadounidense sea completamente independiente de ByteDance para evitar el flujo de datos a China. Pekín, en cambio, se ha resistido a ceder su «caja negra», el motor que hace que la aplicación sea tan adictiva. La solución intermedia, según reportes de Reuters y Bloomberg, sería una licencia de uso que permitiría a la versión estadounidense operar con el mismo motor, a cambio de un pago a la matriz china.
No obstante, esta propuesta presenta un dilema: ¿Será igual de efectivo un algoritmo aislado del flujo global de datos? La «magia» de TikTok reside en la mezcla planetaria de tendencias, algo que podría perderse si los usuarios de Estados Unidos quedan confinados a un ecosistema cerrado. La situación es similar a la de Douyin, la versión de TikTok exclusiva para China continental, que opera de forma independiente de la versión global.
Además del algoritmo, el gobierno chino tiene un as bajo la manga: la «acción de oro». Se trata de una participación minoritaria en ByteDance que otorga al Estado chino el derecho de veto y supervisión sobre decisiones clave. Este mecanismo, poco conocido fuera de los círculos de la economía digital, le permite a Pekín garantizar que su «soberanía tecnológica» no se diluya, incluso en un escenario de venta parcial o acuerdos internacionales.

¿Quién comprará a TikTok?
En este tablero corporativo, el nombre que más suena es Oracle, una compañía de software que ya gestiona parte del almacenamiento de datos de TikTok desde 2022. La estrecha relación de su cofundador, Larry Ellison, con la administración de Trump y su vasta experiencia en el manejo de datos, la posicionan como la favorita para liderar un consorcio de compra. De hecho, las acciones de Oracle subieron más de un 5% tras anunciarse el principio de acuerdo, según el Wall Street Journal.
Oracle no estaría sola. Firmas de inversión como Susquehanna International Group, General Atlantic, KKR y Silver Lake suenan como posibles socios. Otros actores, desde el creador de contenidos Mr. Beast hasta gigantes como Amazon y Microsoft, han mostrado interés, aunque sus propuestas no han sido tan contundentes para el uso de esta app como la de Oracle.
La batalla por TikTok es solo un eslabón en la cadena de tensiones tecnológicas entre las superpotencias. Mientras se negociaba el futuro de la aplicación, el regulador chino anunció una investigación antimonopolio sobre Nvidia, el gigante de los microchips estadounidense, en lo que muchos interpretan como una advertencia: China también puede golpear a sus rivales en sectores críticos. El desenlace de la venta de TikTok marcará un precedente sobre cómo los gobiernos gestionan la propiedad de tecnologías intangibles e inteligencias artificiales y su papel en el nuevo tablero geopolítico global.